Ideología / Ideólogo / Ideas / Ideas políticas / Ideal / Idealismo / Idealista / Convicción / Creencia / Corrección política / Pensamiento único / Cancel culture / Guerra cultural
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Hércules es un joven que cambia las cosas. Gerión es un viejo que quiere conservarlas. La violencia de Hércules trae el orden de la civilización. La resistencia de Gerión mantiene el caos de la barbarie. Gerión es hijo de Crisaor (la riqueza) a su vez hijo de Medusa (violada por Poseidón); Hércules es hijo de Zeus (hermano de Poseidón), así que ambos contendientes son primos lejanos. Su enfrentamiento tiene lugar en Tartessos, el extremo Occidente, donde el Sol muere, en el templo de Melkart (Hércules gaditano), en Gadeira-Gades (G-Hades), la puerta de los dominios de Hades-Plutón, el dueño de las riquezas del inframundo, el tercero de los hijos de Cronos-Saturno, el que rige el destino final de los hombres. Toda la violencia de un dios o un héroe se justifica si le lleva a cumplir su destino: engañar y distorsionar la palabra dada, matar al padre que no le deja crecer, raptar a la mujer que le es negada, robar al que le impide prosperar. Cumplido el trabajo del héroe, defiende lo que ha robado: si Caco le quita vacas, debe matarlo. Ya vendrá un ideólogo a construir la ideología que todo lo justifique. "La historia será benévola conmigo, porque tengo la intención de escribirla" (esto sí que es de Churchill). |
Diccionario panhispánico del español jurídico: "Conjunto de ideas sobre la realidad social, política, cultural, económica, religiosa, etc., que pretenden la conservación del sistema (ideologías conservadoras), su transformación (que puede ser radical y súbita, [—ideologías ]revolucionaria[s—] o paulatina —ideologías reformistas—) o la restauración de un sistema previamente existente (ideologías reaccionarias)."
La ideología cambia con la edad: "Quien a los veinte años no es revolucionario, no tiene corazón; y quien a los cuarenta lo sigue siendo, no tiene cabeza." Como tantas veces, cita atribuida apócrifamente a Churchill (con la oposición
liberal/conservative). Véase
aquí atribuida a Batbie (que a su vez la usa atribuyendo la idea a Burke):
"celui qui n'est pas republicain a vingt ans..." Podría también verse en Machado: "al tiempo que se aquietan las pasiones / se han visto sorprendentes conversiones".
La ideología no tiene por qué responder automáticamente a los intereses propios (los franceses dicen tener le coeur a gauche et a droite le poche -"el corazón a la izquierda y a la derecha el bolsillo"-), pero "quien no vive como piensa terminará pensando como vive". Se considera una traición "cambiar de chaqueta", pero a veces se defiende la necesidad de hacerlo (Keynes: "Cuando las circunstancias cambian, yo cambio de opinión. ¿Usted que hace?"), incluso se puede argumentar que es la ideología la que cambia, y no uno (Marcial Lamamié de Clairac: "Si las encíclicas me despojan, me haré cismático").
... el hombre siempre estará dispuesto de creer aquello que le halaga (Francis Bacon, citado por Karl Mannheim en
Ideología y Utopía -ver-).
Si alguien se sube a una tribuna y dice: "Qué bueno, qué bello y qué listo soy; soy mejor que vosotros, merezco más; cuánta envidia me tenéis, por eso me odiáis, me perjudicáis, me quitáis lo mío y me perseguís", le tomaremos por tonto o loco. Si lo que dice es: "Sois buenos, bellos y listos; sois mejores que ellos, merecéis más; cuánta envidia os tienen, por eso os odian, os perjudican, os quitan lo vuestro y os persiguen", le prestaremos más atención. Nadie es inmune al halago. Todos buscamos vínculos de pertenencia.
Las ideologías, a partir de una particular descripción (o más bien imaginación o distorsión -concepción del mundo, cosmovisión, Weltanschauung-, cada una sesgada según algún el apriorismo que la caracteriza) de la realidad social y las instituciones, proponen acciones para crearlas, mantenerlas, modificarlas o destruirlas; defendiendo o atacando lo que consideran adecuado o inadecuado en ellas, presentándose como el mejor medio para conseguir un bien superior (la justicia, la libertad, la igualdad, la equidad, la protección de los débiles, la recompensa del mérito, la dignidad de todos, el reconocimiento de la excelencia, el progreso, la sostenibilidad, el orden, la paz, la seguridad, la felicidad, la armonía, la belleza, que las cosas sean como deben ser y que las personas se comporten como deben comportarse, que las cosas sean mejores y que nadie diga a nadie cómo debe comportarse, que nadie deba venderse ni nadie pueda comprarte, que todo pueda comprarse y venderse, que la propiedad sea un derecho, que las cosas sean tuyas por el hecho de que las necesites, que el poder no tenga límites, que los tenga, que los individuos tengan derecho a un anonimato total y las corporaciones la obligación de total transparencia, que todos podamos ver lo que hacen todos; alguno de estos valores, una combinación de ellos, la negación de uno para la consecución plena de otro, etc.). Desde finales del siglo XVIII son los partidos políticos los que se presenta como encarnación de las ideologías, y el espectro izquierda/derecha el marco referencial de su ubicación.
El proselitismo es consustancial a las ideologías, puesto que su aplicación depende de su adopción por los que tengan la capacidad de tomar las decisiones (sea la élite gobernante o la mayoría social, sea por consenso o por imposición); en pugna contra los que se oponen a ello (habitualmente por tener otra ideología distinta). La difusión de las ideologías depende de mecanismos culturales, de información y propaganda que lleven al convencimiento de que adoptarla (sea sinceramente o aparentemente, permanente o coyunturalmente) responde a los intereses propios, los del grupo con el que uno se identifica, o los de toda la sociedad. Posiblemente los mecanismos más potentes son los aspiracionales (proponer un modelo heroico de triunfador al que seguir e imitar); los de la victimización (identificar al grupo propio como víctima de un agravio real o imaginario, a partir de lo cual se construye una solución); y el recurso al chivo expiatorio (el individuo o grupo sobre el que se hace recaer la culpa, identificándolo como enemigo, depredador o parásito del grupo propio) al que se atribuyen toda clase de males y vicios (particularmente, la envidia de las virtudes del grupo propio) y cuya eliminación solucionará el problema. Cuanto más simple se plantee la solución (independientemente de lo complejo que sea el problema), más receptivos serán los receptores de estos mensajes a identificarse como miembros del grupo y a adoptar la ideología. Con la esperanza en la promesa del triunfo futuro se aceptarán toda clase de sacrificios en el presente.
La adhesión a un "ideal" o "causa" que se considera "superior a uno mismo" (es decir, en la que se sublima la identidad) hace que la frontera entre ideología y creencia sea confusa. En su extremo está el fanatismo, donde es inaplicable la racionalidad.
La religión (especialmente la católica) mantiene un recelo comprensible contra las ideologías, que serían su sustituto laico. Para la religión las ideologías siempre son visiones parciales, mundanas; y peor todavía si tienen pretensiones totalizadoras, liberadoras o salvíficas; pues desde una perspectiva religiosa únicamente la verdad revelada (el misterio, la fe) nos hace libres y nos salva, porque es la única que puede dar una visión total (o al menos, la necesaria y suficiente, dadas las limitaciones humanas) de la realidad material e inmaterial ("Quien a Dios tiene, nada le falta, solo Dios basta"). Las religiones, en realidad, se convierten en ideologías cuando su propósito deja de ser espiritual o trascendental y pasa a ser el mantenimiento o transformación del orden social y las intervenciones en el ámbito político (cesaropapismo, teocracia, Reforma, escuela de Salamanca, Contrarreforma, alianza de Trono y Altar, doctrina social de la Iglesia, democracia cristiana, teología de la liberación). El islamismo entendido como islam político es un buen ejemplo: implantar la Sharía en las sociedades actuales, aplicando el mandato coránico de "imponer el bien y castigar el mal" (la mejor definición de la diferencia entre musulmán e islamista es la que dice que el primero cree que Dios le protege y el segundo cree que debe proteger a Dios).
También distinta a la ideología es la ciencia, entendida como aproximación metódica a la realidad, caracterizada por su provisionalidad y falsabilidad (sumisión a la verificabilidad).
Las ideologías se suelen denominar con el sufijo "-ismo" (liberalismo, conservadurismo, tradicionalismo, socialismo, anarquismo, comunismo, fascismo, nazismo, falangismo, feminismo, pacifismo, tercermundismo, ecologismo, animalismo, etc.), aunque no se restringe a ellas, porque también se usa para denominar a los movimientos artísticos y a los sistemas filosóficos, a disciplinas deportivas o a conceptos científicos. El sufijo griego -ισμός (-ismós) significaba "la práctica o enseñanza de alguna cosa" (noun ending signifying the practice or teaching of a thing -OED-).
El concepto de "ideología" en el marxismo ocupa un lugar crucial: es el intermediario necesario entre la estructura (de la que emana) y la superestructura (a la que justifica). Engels utilizó la expresión "falsa conciencia", que devino la definición canónica. Así, la ideología sería un mecanismo de manipulación de las clases dominantes para ocultar o justificar la explotación y la alienación. Obviamente, para los marxistas las ideologías son burguesas (o aristocráticas, nobiliarias, clericales, etc., según la clase o formación económico-social cuyos intereses pretendan justificar). El marxismo, para los marxistas, no es una ideología, sino "socialismo científico". Cuando los oprimidos "toman conciencia" no son engañados, sino que dejan de serlo, se desengañan; porque se dan cuenta de la opresión a que están sometidos. Como "es el ser social el que determina la conciencia, no la conciencia la que determina el ser social", experimentar la realidad material en la que se halla cada uno, sin intermediaciones ideológicas (engaños), debería ser suficiente para adquirir "conciencia de clase". Los proletarios no generan una ideología (falsa), sino mecanismos de "lucha de clases" para la son muy útiles las críticas a las ideologías dominantes generadas por "intelectuales orgánicos" (frecuentemente burgueses desclasados). Tales mecanismos o críticas (así como producciones intelectuales de todo tipo, especialmente la literatura y el arte comprometidos) no serían por tanto ideológicos, sino destructores de las ideologías y constructores de conciencia.
Jordan Peterson, Más allá del orden, 2021: "... los sistemas ideológicos que somos propensos a adoptar, aquellos que nos polarizan en términos políticos y personales. Son narrativas culturales que bien podemos considerar parásitos de una subestructura religiosa, mitológica o dramática más fundamental: antigua, evolucionada y profundamente biológica. Las ideologías se basan en la estructura de una narración esencialmente religiosa, pero lo hacen a medias, incluyendo ciertos elementos de la experiencia o de personajes eternos e ignorando otros. No obstante, el poder reside en la representación, dado que aquello que se incluye conserva su naturaleza mitológica/biológica —su significado instintivo—, pero los elementos que faltan significan que lo que persiste, por más poderosa que sea su expresión, denota un prejuicio que limita su utilidad. El prejuicio es deseable a nivel subjetivo, porque simplifica lo que sería demasiado complejo de entender, pero también es peligroso por culpa de su parcialidad. ... Buena parte de los principios políticos —o ideológicos, podríamos decir— en los que cree la gente dependen de su forma de ser innata. Si sus emociones o motivaciones se escoran hacia un lado (y en gran medida es consecuencia de la biología), suelen adoptar una tendencia conservadora o progresista. No es cuestión de opiniones. Pensad que los animales tienen un ecosistema... Los seres humanos... tenemos ecosistemas perceptivos o cognitivos. Los progresistas, por ejemplo, reciben con entusiasmo positivo las nuevas ideas. Las ventajas... son obvias. A veces los problemas requieren soluciones nuevas y las personas que las encuentran son aquellas que gustan de las nuevas concepciones... estas personas no suelen ser muy disciplinadas... tendrás que poder tolerar el caos que asoma entre el momento en que se desintegra la vieja idea y la nueva toma el control. Si eres conservador tienes la ventaja y la desventaja contraria. Tienes recelo de las nuevas ideas y no te atraen en especial; y esto es, en parte, porque sus posibilidades te parecen menos relucientes y te preocupan más sus consecuencias imprevistas. ... Si eres conservador te gustan las cosas donde se supone que tienen que estar cuando tienen que estar ahí. Estás donde quieres estar cuando la gente actúa de forma convencional, responsable y predecible. Los conservadores son necesarios para mantener el statu quo cuando todo va bien y cuando el cambio podría ser arriesgado. Los progresistas, por su parte, son necesarios para cambiar las cosas cuando ya no van bien. Con todo, no es fácil determinar cuándo algo se tiene que preservar y cuándo se tiene que transformar. Por eso existe la política, si tenemos suerte, y el diálogo que la acompaña, en vez e la guerra, la tiranía o la sumisión. Necesitamos debatir con vigor y pasión sobre el valor relativo de la estabilidad frente al cambio, con tal de poder dilucidar cuándo es adecuado cada uno y en qué dosis. ... El progresista tiene una gran proclividad a ver el mundo como si el Tirano Autoritario suprimiera a la Diosa Benevolente, como si las censuras arbitrarias de la cultura muerta corrompieran y oprimieran al ciudadano y al extranjero por igual, o como si la estructura militar-industrial de la sociedad moderna amenazara a Gaia, el planeta viviente, con la contaminación, la extinción en masa o el cambio climático. Es obvio que este punto de vista resulta útil cuando la cultura sí se ha vuelto tiránica; y eso no es nada raro. El conservador, por otra parte, tiende a ver el mundo como si el Rey Sabio —la seguridad del espacio, el orden y la predictibilidad— metiera en cintura, domara y disciplinara a la Reina Mala, la naturaleza desordenada y caótica. Es evidente que eso también es necesario.... Si no disponemos de la égida que constituye la Cultura como garantía, los animales salvajes nos devorarían...y nos moriríamos de hambre, pues la comida no se presentaría por sí sola para deleitarnos. Así que hay dos ideologías diferentes y ambas son correctas, pero las dos cuentan solo la mitad de la historia. Para forjarse una opinión bien equilibrada del mundo de la experiencia, hay que aceptar la realidad de ambos elementos de la cultura. ... A todos nos cuesta ver que estamos obcecados por la naturaleza de nuestra personalidad. Por eso tenemos que escuchar siempre a las personas que discrepan de nosotros y que, debido a esa diferencia, son capaces de ver y de reaccionar adecuadamente ante lo que nosotros no podemos detectar." [pgs. 383-385. Cita como fuente: Hish, J. B, et al, "Compassionate Liberals and Polite Conservatives: Associations of Agreeableness with Political Ideology and Moral Values"... 210] ... [sigue con su modelo de arquetipos] "De modo que existe un héroe y un adversario, un rey sabio y un tirano, una figura maternal positiva y una negativa, y el caos en sí. Esa es la estructura del mundo en seis personajes, además de un séptimo algo extraño: el caos, que en cierta medida es donde acaban naciendo todos los demás. ... Si solo conoces una parte del elenco, consciente o inconscientemente, estás indefenso y eres ingenuo, vulnerable y propenso a caer presa del engaño, el rencor y la arrogancia. ... De no saberlo, en primer lugar eres un acólito que necesita como agua de mayo una ideología que te aporte una representación parcial e insuficiente de la realidad; y en segundo lugar, estás achacado por una ceguera peligrosa para ti y para los demás." [pgs. 388-389]
Obispo de Alcalá:
Ha llegado el momento de decir, con voz sosegada pero clara, que el Partido Popular es liberal, informado ideológicamente por el feminismo radical y la ideología de género, e “infectado” como el resto de los partidos políticos y sindicatos mayoritarios, por el lobby LGBTQ; siervos todos, a su vez, de instituciones internacionales (públicas y privadas) para la promoción de la llamada “gobernanza global” al servicio del imperialismo transnacional neocapitalista ... Como es verificable, el Partido Popular con esta decisión, se suma al resto de los partidos políticos que, además de promover el aborto, lo consideran un derecho de la mujer: una diabólica síntesis de individualismo liberal y marxismo. Dicho de otra manera, a fecha de hoy ‒ y sin juzgar a las personas ‒, los partidos políticos mayoritarios se han constituido en verdaderas “estructuras de pecado” (Cf. San Juan Pablo II, Encíclicas Sollicitudo rei socialis, 36-40 y Evangelium vitae, 24).(
Reproducido íntegramente en Religión en Libertad, 25 de septiembre de 2014).
Obispo de San Sebastián:
Los hechos demuestran que la supuesta ‘izquierda' es la que termina marcando el camino a la supuesta 'derecha'. Cada vez existen menos diferencias ideológicas reales entre los partidos políticos, dado que han asumido todos ellos los valores del neocapitalismo, el relativismo y la ideología de género ... Alguien dijo que el pensamiento políticamente correcto de nuestros días se caracteriza por ser teóricamente marxista, prácticamente liberal y psicológicamente freudiano. (
Citado en Público, 3 de octubre de 2014).
Savater, en un breve artículo, identifica la corrección política como imposición de manías:
Todos somos, a escala mayor o menor, maniáticos. Nada de malo hay en ello, aunque ciertas manías son más perturbadoras que otras. Lo temible son los maniacos, o sea, los maniáticos empeñados en imponer sus manías a los demás, convertidas en dogma, adornadas con virtudes irrenunciables y transformadas en moral. Aún más, en superioridad moral. Hoy pululan por las redes sociales, intimidando a muchos. Están los maniacos clásicos, racistas, fanáticos religiosos (o anti), separatistas... pero además los de nuevo cuño, las feministas convencidas de la culpabilidad predeterminada de los varones, en cualquier conflicto o hasta en su forma de sentarse, y los más severos aunque risibles de todos, los animalistas, inventores de una moral surrealista en que solo puede haber animales inocentes y humanos culpables. Quien se burla de sus odios comete delito... de odio. No tomemos en broma a los maniacos, son influyentes y se encargan a través de la web de repartir los certificados de buena conducta que antes expedía la policía franquista... (Maníacos, el País, 23 de septiembre de 2017).
John William Wilkinson,
Puritanismo con prohibicionismo, un enlace que conduce a la parálisis (o peor), El Confidencial, 2 de diciembre de 2017
Javier Benegas,
La Corrección Política: mito y realidad del nuevo totalitarismo del siglo XXI, Disidentia, 19 junio, 2018:
Además de quienes tienden a reducir este complejo fenómeno a marxismo cultural, existen también los que relativizan su importancia, afirmando que la Corrección Política siempre ha existido. ... en el pasado los tabúes y convenciones se construían con el tiempo, de manera lenta y laboriosa. Según las sociedades avanzaban y cambiaban, las reglas desaparecían de forma gradual, dando paso a nuevas convenciones que, previamente, debían demostrar una cierta utilidad. Estas reglas, mejores o peores, resultaban claras, previsibles y estables. No cambiaban bruscamente ni se desechaban alegremente, tampoco se desdoblaban en nuevas reglas incompatibles unas con otras. Por el contrario, la Corrección Política genera constantemente nuevas reglas contradictorias entre sí y cuya utilidad es cuestionable, cuando no inexistente. Reglas que, lejos de desaparecer gradualmente, se dividen y multiplican en un proceso de mutación sobre el que la sociedad no tiene ningún control; tampoco las élites, que se limitan a ir a favor de la corriente para obtener algún beneficio o, en su defecto, sobrevivir a cambios vertiginosos.
En Estados Unidos y el Reino Unido, el ambiente intelectual tras los movimientos
Me Too, Black Lives Matter, I Can't Breath, etc. (denuncias de todo tipo de ofensas, invisibilización, victimización, apropiación cultural) ha llegado a lo que se denomina "
cancel culture" (cultura de la cancelación); en la que al discrepante (del pensamiento único o corrección política "progresista"), o a quien se acusa, o de quien se sospecha de un comportamiento "desviado" (con distintos grados, casos de Kevin Spacey, Woody Allen, J.K. Rowling), se le señala, acosa y proscribe de la esfera pública, aprovechando el poder de las redes sociales y la susceptibilidad a presión de los medios de comunicación, empresas e instituciones académicas. También incluye
damnatio memoriae (derribo de estatuas de esclavistas o colonizadores). Se ha llegado a retirar de la plataforma que la exhibía la película
Lo que el viento se llevó, y a
pedir a Scrabble que impida a los jugadores usar doscientas palabras "prohibidas", como la infame "
N word" (
nigger). Un grupo de intelectuales, entre los que están Noam Chomsky, Salman Rushdie, Steven Pinker y Margaret Atwood, publicó una carta (
A Letter of Justice and Open Debate, 7 julio 2020) denunciando esa
cancel culture, y
fueron acusados de ser un grupo de viejas glorias resentidas "que no soportan no dominar la conversación" (
noticia en El País noticia en El Periódico).
Un grupo de intelectuales españoles secundó la carta. Un par de años antes se había tenido
un debate similar en Francia.
Asistimos a una nueva violencia ideológica que busca polarizar a la sociedad a partir de valores y creencias –también de hábitos y formas de comunicación. La nueva izquierda, joven, acusa a la vieja ‘America’ en la calle y en las redes sociales –los únicos espacios aún no conquistados por la insurgencia institucional. Los liberales, desde un púlpito de marfil cada día menos influyente, reclaman la vuelta al debate sin censura. Trump, por supuesto, se frota las manos al ver como el renacer de la guerra cultural, a diferencia de en el pasado, la está protagonizando el reaccionarismo con la alianza de las élites liberales. Los de ahora no son aquellos viejos conservadores que, después de la segunda guerra mundial, dieron la batalla ideológica por perdida y que hoy denuncian la falta de escrúpulos del presidente. Ahora es tiempo de ir al ataque. (Ignasi Gozalo–Salellas,
Una tarde en el Monte Rushmore: semiótica reaccionaria y el nuevo ‘miedo a los rojos’ - No siempre se ganan las batallas, y menos las culturales, pero de todas se sale con el campo de batalla modificado, CTX, 14/07/2020).
El concepto de "guerra cultural" es anterior al de "hegemonía cultural" de Gramsci, y se remonta al enfrentamiento entre Bismark y el Papa (los "liberales" y el Zentrum, en la década de 1870).
Véase también Espectro político, Poder-Hegemonía, Compromiso, Intereses, Identidad, Religión y política, Ciencia y política, Realismo-Idealismo, Iliberalismo, Filología y política-Relato, Religión y política, Arte y política-Arnold Hauser-
Historia social de la literatura y el arte, Cultura