Ideología / Ideólogo / Ideas / Ideas políticas / Ideal / Idealismo / Idealista / Convicción / Creencia / Corrección política / Pensamiento único / Cancel culture / Guerra cultural
Diccionario panhispánico del español jurídico: "Conjunto de ideas sobre la realidad social, política, cultural, económica, religiosa, etc., que pretenden la conservación del sistema (ideologías conservadoras), su transformación (que puede ser radical y súbita, [—]revolucionaria[—] o paulatina —ideologías reformistas—) o la restauración de un sistema previamente existente (ideologías reaccionarias)."
Quien a los veinte años no es revolucionario, no tiene corazón; y quien a los cuarenta lo sigue siendo, no tiene cabeza.
Los franceses tienen le coeur a gauche et a droite le poche ("el corazón a la izquierda y a la derecha el bolsillo").
La adhesión a un "ideal" o "causa" que se considera "superior a uno mismo" (es decir, en la que se sublima la identidad) hace que la frontera entre ideología y creencia sea confusa. En su extremo está el fanatismo, donde es inaplicable la racionalidad.
Jordan Peterson, Más allá del orden, 2021: "... los sistemas ideológicos que somos propensos a adoptar, aquellos que nos polarizan en términos políticos y personales. Son narrativas culturales que bien podemos considerar parásitos de una subestructura religiosa, mitológica o dramática más fundamental: antigua, evolucionada y profundamente biológica. Las ideologías se basan en la estructura de una narración esencialmente religiosa, pero lo hacen a medias, incluyendo ciertos elementos de la experiencia o de personajes eternos e ignorando otros. No obstante, el poder reside en la representación, dado que aquello que se incluye conserva su naturaleza mitológica/biológica —su significado instintivo—, pero los elementos que faltan significan que lo que persiste, por más poderosa que sea su expresión, denota un prejuicio que limita su utilidad. El prejuicio es deseable a nivel subjetivo, porque simplifica lo que sería demasiado complejo de entender, pero también es peligroso por culpa de su parcialidad. ... Buena parte de los principios políticos —o ideológicos, podríamos decir— en los que cree la gente dependen de su forma de ser innata. Si sus emociones o motivaciones se escoran hacia un lado (y en gran medida es consecuencia de la biología), suelen adoptar una tendencia conservadora o progresista. No es cuestión de opiniones. Pensad que los animales tienen un ecosistema... Los seres humanos... tenemos ecosistemas perceptivos o cognitivos. Los progresistas, por ejemplo, reciben con entusiasmo positivo las nuevas ideas. Las ventajas... son obvias. A veces los problemas requieren soluciones nuevas y las personas que las encuentran son aquellas que gustan de las nuevas concepciones... estas personas no suelen ser muy disciplinadas... tendrás que poder tolerar el caos que asoma entre el momento en que se desintegra la vieja idea y la nueva toma el control. Si eres conservador tienes la ventaja y la desventaja contraria. Tienes recelo de las nuevas ideas y no te atraen en especial; y esto es, en parte, porque sus posibilidades te parecen menos relucientes y te preocupan más sus consecuencias imprevistas. ... Si eres conservador te gustan las cosas donde se supone que tienen que estar cuando tienen que estar ahí. Estás donde quieres estar cuando la gente actúa de forma convencional, responsable y predecible. Los conservadores son necesarios para mantener el statu quo cuando todo va bien y cuando el cambio podría ser arriesgado. Los progresistas, por su parte, son necesarios para cambiar las cosas cuando ya no van bien. Con todo, no es fácil determinar cuándo algo se tiene que preservar y cuándo se tiene que transformar. Por eso existe la política, si tenemos suerte, y el diálogo que la acompaña, en vez e la guerra, la tiranía o la sumisión. Necesitamos debatir con vigor y pasión sobre el valor relativo de la estabilidad frente al cambio, con tal de poder dilucidar cuándo es adecuado cada uno y en qué dosis. ... El progresista tiene una gran proclividad a ver el mundo como si el Tirano Autoritario suprimiera a la Diosa Benevolente, como si las censuras arbitrarias de la cultura muerta corrompieran y oprimieran al ciudadano y al extranjero por igual, o como si la estructura militar-industrial de la sociedad moderna amenazara a Gaia, el planeta viviente, con la contaminación, la extinción en masa o el cambio climático. Es obvio que este punto de vista resulta útil cuando la cultura sí se ha vuelto tiránica; y eso no es nada raro. El conservador, por otra parte, tiende a ver el mundo como si el Rey Sabio —la seguridad del espacio, el orden y la predictibilidad— metiera en cintura, domara y disciplinara a la Reina Mala, la naturaleza desordenada y caótica. Es evidente que eso también es necesario.... Si no disponemos de la égida que constituye la Cultura como garantía, los animales salvajes nos devorarían...y nos moriríamos de hambre, pues la comida no se presentaría por sí sola para deleitarnos. Así que hay dos ideologías diferentes y ambas son correctas, pero las dos cuentan solo la mitad de la historia. Para forjarse una opinión bien equilibrada del mundo de la experiencia, hay que aceptar la realidad de ambos elementos de la cultura. ... A todos nos cuesta ver que estamos obcecados por la naturaleza de nuestra personalidad. Por eso tenemos que escuchar siempre a las personas que discrepan de nosotros y que, debido a esa diferencia, son capaces de ver y de reaccionar adecuadamente ante lo que nosotros no podemos detectar." [Cita como fuente: Hish, J. B, et al, "Compassionate Liberals and Polite Conservatives: Associations of Agreeableness with Political Ideology and Moral Values"... 210]
Obispo de Alcalá: Ha llegado el momento de decir, con voz sosegada pero clara, que el Partido Popular es liberal, informado ideológicamente por el feminismo radical y la ideología de género, e “infectado” como el resto de los partidos políticos y sindicatos mayoritarios, por el lobby LGBTQ; siervos todos, a su vez, de instituciones internacionales (públicas y privadas) para la promoción de la llamada “gobernanza global” al servicio del imperialismo transnacional neocapitalista ... Como es verificable, el Partido Popular con esta decisión, se suma al resto de los partidos políticos que, además de promover el aborto, lo consideran un derecho de la mujer: una diabólica síntesis de individualismo liberal y marxismo. Dicho de otra manera, a fecha de hoy ‒ y sin juzgar a las personas ‒, los partidos políticos mayoritarios se han constituido en verdaderas “estructuras de pecado” (Cf. San Juan Pablo II, Encíclicas Sollicitudo rei socialis, 36-40 y Evangelium vitae, 24).(Reproducido íntegramente en Religión en Libertad, 25 de septiembre de 2014).
Obispo de San Sebastián: Los hechos demuestran que la supuesta ‘izquierda' es la que termina marcando el camino a la supuesta 'derecha'. Cada vez existen menos diferencias ideológicas reales entre los partidos políticos, dado que han asumido todos ellos los valores del neocapitalismo, el relativismo y la ideología de género ... Alguien dijo que el pensamiento políticamente correcto de nuestros días se caracteriza por ser teóricamente marxista, prácticamente liberal y psicológicamente freudiano. (Citado en Público, 3 de octubre de 2014).
Savater, en un breve artículo, identifica la corrección política como imposición de manías:
Todos somos, a escala mayor o menor, maniáticos. Nada de malo hay en ello, aunque ciertas manías son más perturbadoras que otras. Lo temible son los maniacos, o sea, los maniáticos empeñados en imponer sus manías a los demás, convertidas en dogma, adornadas con virtudes irrenunciables y transformadas en moral. Aún más, en superioridad moral. Hoy pululan por las redes sociales, intimidando a muchos. Están los maniacos clásicos, racistas, fanáticos religiosos (o anti), separatistas... pero además los de nuevo cuño, las feministas convencidas de la culpabilidad predeterminada de los varones, en cualquier conflicto o hasta en su forma de sentarse, y los más severos aunque risibles de todos, los animalistas, inventores de una moral surrealista en que solo puede haber animales inocentes y humanos culpables. Quien se burla de sus odios comete delito... de odio. No tomemos en broma a los maniacos, son influyentes y se encargan a través de la web de repartir los certificados de buena conducta que antes expedía la policía franquista... (Maníacos, el País, 23 de septiembre de 2017).
John William Wilkinson, Puritanismo con prohibicionismo, un enlace que conduce a la parálisis (o peor), El Confidencial, 2 de diciembre de 2017
Javier Benegas, La Corrección Política: mito y realidad del nuevo totalitarismo del siglo XXI, Disidentia, 19 junio, 2018:
Además de quienes tienden a reducir este complejo fenómeno a marxismo cultural, existen también los que relativizan su importancia, afirmando que la Corrección Política siempre ha existido. ... en el pasado los tabúes y convenciones se construían con el tiempo, de manera lenta y laboriosa. Según las sociedades avanzaban y cambiaban, las reglas desaparecían de forma gradual, dando paso a nuevas convenciones que, previamente, debían demostrar una cierta utilidad. Estas reglas, mejores o peores, resultaban claras, previsibles y estables. No cambiaban bruscamente ni se desechaban alegremente, tampoco se desdoblaban en nuevas reglas incompatibles unas con otras. Por el contrario, la Corrección Política genera constantemente nuevas reglas contradictorias entre sí y cuya utilidad es cuestionable, cuando no inexistente. Reglas que, lejos de desaparecer gradualmente, se dividen y multiplican en un proceso de mutación sobre el que la sociedad no tiene ningún control; tampoco las élites, que se limitan a ir a favor de la corriente para obtener algún beneficio o, en su defecto, sobrevivir a cambios vertiginosos.
Obispo de San Sebastián: Los hechos demuestran que la supuesta ‘izquierda' es la que termina marcando el camino a la supuesta 'derecha'. Cada vez existen menos diferencias ideológicas reales entre los partidos políticos, dado que han asumido todos ellos los valores del neocapitalismo, el relativismo y la ideología de género ... Alguien dijo que el pensamiento políticamente correcto de nuestros días se caracteriza por ser teóricamente marxista, prácticamente liberal y psicológicamente freudiano. (Citado en Público, 3 de octubre de 2014).
Savater, en un breve artículo, identifica la corrección política como imposición de manías:
Todos somos, a escala mayor o menor, maniáticos. Nada de malo hay en ello, aunque ciertas manías son más perturbadoras que otras. Lo temible son los maniacos, o sea, los maniáticos empeñados en imponer sus manías a los demás, convertidas en dogma, adornadas con virtudes irrenunciables y transformadas en moral. Aún más, en superioridad moral. Hoy pululan por las redes sociales, intimidando a muchos. Están los maniacos clásicos, racistas, fanáticos religiosos (o anti), separatistas... pero además los de nuevo cuño, las feministas convencidas de la culpabilidad predeterminada de los varones, en cualquier conflicto o hasta en su forma de sentarse, y los más severos aunque risibles de todos, los animalistas, inventores de una moral surrealista en que solo puede haber animales inocentes y humanos culpables. Quien se burla de sus odios comete delito... de odio. No tomemos en broma a los maniacos, son influyentes y se encargan a través de la web de repartir los certificados de buena conducta que antes expedía la policía franquista... (Maníacos, el País, 23 de septiembre de 2017).
John William Wilkinson, Puritanismo con prohibicionismo, un enlace que conduce a la parálisis (o peor), El Confidencial, 2 de diciembre de 2017
Javier Benegas, La Corrección Política: mito y realidad del nuevo totalitarismo del siglo XXI, Disidentia, 19 junio, 2018:
Además de quienes tienden a reducir este complejo fenómeno a marxismo cultural, existen también los que relativizan su importancia, afirmando que la Corrección Política siempre ha existido. ... en el pasado los tabúes y convenciones se construían con el tiempo, de manera lenta y laboriosa. Según las sociedades avanzaban y cambiaban, las reglas desaparecían de forma gradual, dando paso a nuevas convenciones que, previamente, debían demostrar una cierta utilidad. Estas reglas, mejores o peores, resultaban claras, previsibles y estables. No cambiaban bruscamente ni se desechaban alegremente, tampoco se desdoblaban en nuevas reglas incompatibles unas con otras. Por el contrario, la Corrección Política genera constantemente nuevas reglas contradictorias entre sí y cuya utilidad es cuestionable, cuando no inexistente. Reglas que, lejos de desaparecer gradualmente, se dividen y multiplican en un proceso de mutación sobre el que la sociedad no tiene ningún control; tampoco las élites, que se limitan a ir a favor de la corriente para obtener algún beneficio o, en su defecto, sobrevivir a cambios vertiginosos.
En Estados Unidos y el Reino Unido, el ambiente intelectual tras los movimientos Me Too, Black Lives Matter, I Can't Breath, etc. (denuncias de todo tipo de ofensas, invisibilización, victimización, apropiación cultural) ha llegado a lo que se denomina "cancel culture" (cultura de la cancelación); en la que al discrepante (del pensamiento único o corrección política "progresista"), o a quien se acusa, o de quien se sospecha de un comportamiento "desviado" (con distintos grados, casos de Kevin Spacey, Woody Allen, J.K. Rowling), se le señala, acosa y proscribe de la esfera pública, aprovechando el poder de las redes sociales y la susceptibilidad a presión de los medios de comunicación, empresas e instituciones académicas. También incluye damnatio memoriae (derribo de estatuas de esclavistas o colonizadores). Se ha llegado a retirar de la plataforma que la exhibía la película Lo que el viento se llevó, y a pedir a Scrabble que impida a los jugadores usar doscientas palabras "prohibidas", como la infame "N word" (nigger). Un grupo de intelectuales, entre los que están Noam Chomsky, Salman Rushdie, Steven Pinker y Margaret Atwood, publicó una carta (A Letter of Justice and Open Debate, 7 julio 2020) denunciando esa cancel culture, y fueron acusados de ser un grupo de viejas glorias resentidas "que no soportan no dominar la conversación" (noticia en El País noticia en El Periódico). Un grupo de intelectuales españoles secundó la carta. Un par de años antes se había tenido un debate similar en Francia.
Asistimos a una nueva violencia ideológica que busca polarizar a la sociedad a partir de valores y creencias –también de hábitos y formas de comunicación. La nueva izquierda, joven, acusa a la vieja ‘America’ en la calle y en las redes sociales –los únicos espacios aún no conquistados por la insurgencia institucional. Los liberales, desde un púlpito de marfil cada día menos influyente, reclaman la vuelta al debate sin censura. Trump, por supuesto, se frota las manos al ver como el renacer de la guerra cultural, a diferencia de en el pasado, la está protagonizando el reaccionarismo con la alianza de las élites liberales. Los de ahora no son aquellos viejos conservadores que, después de la segunda guerra mundial, dieron la batalla ideológica por perdida y que hoy denuncian la falta de escrúpulos del presidente. Ahora es tiempo de ir al ataque. (Ignasi Gozalo–Salellas, Una tarde en el Monte Rushmore: semiótica reaccionaria y el nuevo ‘miedo a los rojos’ - No siempre se ganan las batallas, y menos las culturales, pero de todas se sale con el campo de batalla modificado, CTX, 14/07/2020).
El concepto de "guerra cultural" es anterior al de "hegemonía cultural" de Gramsci, y se remonta al enfrentamiento entre Bismark y el Papa (los "liberales" y el Zentrum, en la década de 1870).
He Wants to Save Classics From Whiteness. Can the Field Survive? - Dan-el Padilla Peralta thinks classicists should knock ancient Greece and Rome off their pedestal — even if that means destroying their discipline. (Rachel Poser, New York Times, 2 de febrero 2021)
Véase también Espectro político, Poder-Hegemonía, Compromiso, Intereses, Identidad, Religión y política, Ciencia y política, Realismo-Idealismo, Iliberalismo, Filología y política-Relato, Religión y política, Arte y política-Arnold Hauser-Historia social de la literatura y el arte, Cultura
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